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Armijo entrevistando Agustín Gómez “Creamos el Cruzada FC para fomentar el deporte y acabamos siendo campeones”

Samuel Armijo  // @DesdeLaBarrera   “Creamos el Cruzada FC para fomentar el deporte y acabamos siendo campeones”

 Agustín Gómez Zurita (Linares, 1934) fue uno de los fundadores del Cruzada Fútbol Club, un equipo linarense, del que pocos se acordarán, creado por Acción Católica y que triunfó en la preferente de los años cincuenta. La misión de este conjunto era promocionar el deporte entre sus jóvenes ensalzando los valores más nobles aunque, sin duda, se hizo hueco en un lugar con amplia tradición futbolera y llenó Linarejos para proclamarse campeón de la categoría. Actualmente, “el señor Zurita” como es conocido en Sevilla, donde reside, anima en Nervión pero en su corazón siempre tendrá un córner para su tierra natal. Con la Iglesia hemos topado. Por suerte. 

Agustín, es casi imposible encontrar referencia alguna del Cruzada FC. 

-Normal. Los archivos del club se perdieron en la Iglesia de San Francisco de Linares, ten en cuenta que el equipo los fundamos en Acción católica en 1952 y competimos hasta 1956, con lo que casi nadie recordará aquello. Yo si conservo algún recorte y fotografía. Fue una época en la que el fútbol en la ciudad estaba en auge, estaba el clásico Linares Deportivo, el Titán, el Ferroviaria, nosotros…había bastantes equipos. Nosotros, en principio, creamos el equipo como un argumento más para nuestros chavales pero la verdad que luego competíamos, incluso fuimos campeones de la segunda preferente. 

¿A qué equipos se enfrentaban? 

Había clubes muy buenos, el Villacarrillo, el San Álvaro de Córdoba, Guadix, Torredonjimeno. Nuestra plantilla era de jugadores muy jóvenes casi todos y por ahí había equipos que te esperaban con el cuchillo entre los dientes con tíos que daban miedo, aunque en casi todos sitios nos recibían muy bien, ¿eh?

Sería una locura fundar un club nuevo en todo. 

Al principio nos costó, es obvio, pero la verdad que la buena organización que teníamos en Acción católica nos sirvió de mucho. También nos echó un cable gente de la ciudad, por ejemplo, Diego Caro, presidente del Linares, nos ayudó económicamente. En aquella época, no es que faltara dinero pero no sobraba. Para las equipaciones compramos tela verde y la madre de cada jugador le cosía la camiseta y le bordaba el escudo. Cada futbolista, en los viajes se llevaba su propia comida, incluso algunos directivos pagábamos el billete del autocar.

Pero, ¿un club tan modesto tenía directiva? 

Claro. Adolfo Pujalte era el presidente, yo era el secretario, Hipólito Corrales se encargaba de la tesorería, José Maestre era el jefe de taquilla, Julio Rubiales era nuestro capellán. Sebastián Torres, Antonio Navarro… teníamos practicantes, Sainez, Casado, Sabio. Por eso te digo que el nacer de una fundación previa nos adelantó mucho trabajo. 


Y, ¿jugaban en el viejo Linarejos? 

Si, no en la actual ubicación sino donde estaba antes junto al santuario. Recuerdo el partido donde nos proclamamos campeones el 13 de febrero del 55, el estadio estaba lleno y empatamos a uno con el Villacarrillo. La verdad que antes iba mucha gente al fútbol, pero a todos los equipos de la ciudad y eso que se veía un fútbol muy diferente al de ahora. Antes, un defensa se limitaba a pegar pelotazos y quitarse la pelota de encima para que los delanteros pudieran marcar. Por aquellos entonces se jugaba con un 2-3-5 y se daba total importancia a los de arriba. El fútbol ha cambiado mucho, ahora, técnicamente son mucho mejores y no se permite lo de antes. Recuerdo a Cisneros, un central que teníamos que dio un codazo a un jugador del Útica y le tiró la dentadura abajo. Era un juego más duro pero también más noble. 

¿Recuerda a muchos jugadores de esa plantilla? 

El entrenador era Juan Alexander, antiguo jugador del Linares, Jesús Amate y Medina eran los porteros, Argudo y Zoca, los centrales, en la media Casas y Ascasibar no dejaban que pasara nadie y arriba Juanito Sánchez, que como estuviera inspirado metía tres goles en un partido. Teníamos gente buena, los Torres, que eran hermanos de Manolín que fue portero del Sevilla. Tini, que era de los mejores y murió en un accidente, Tomás, Díaz, Pepillo, Antonio Garrido, Urbita, Lalo…un buen equipo y sobre todo, buenos chavales. Muchos de ellos, influenciados por la peña ¨Los pepitos¨. 

En aquella época en la que todo suponía una aventura le dejaría cientos de anécdotas. 

Imagínate. Sobre todo los viajes, se hacían eternos. Recuerdo uno a Guadix, nos cayó un nevazo en el puerto de la Mora y llegamos justos al partido. Otro, para no olvidarse fue a Puente Genil, salimos de la estación de andaluces a las seis de la mañana, llegamos para comer porque tuvimos problemas con el autocar y después del partido volvimos de madrugada. Menudos desplazamientos eran aquellos, ir a 200 kilómetros era un mundo. 

Rara era la semana que no pasaba algo, yo trabajaba en el Banco Hispanoamericano y los jugadores venían a la oficina porque les faltaban botas, se les había perdido esto, no encontraban lo otro…Ocupaba el tiempo en mucho papeleo, iba a Sevilla a la federación andaluza y el secretario del Linares aprovechaba y me llevaba documentos suyos también. Mucho trabajo. 

En otra ocasión, se nos inundó Linarejos, y solicité jugar los primeros cinco partidos como visitante. Nos lo concedieron y İganamos todos!, nos salió la jugada redonda. 

En Villa del Río me ocurrió algo gracioso con Matías Prats. 

Cuente. 

Era el invitado de honor porque jugamos durante las fiestas y él era de allí. Años más tarde coincidimos en Australia en la Copa Davis de tenis, él trabajando y yo como espectador. Samaranch, presidente del COI, nos dijo a algunos españoles que hiciéramos bulto con la Prensa para una recepción, así que yo era redactor de La Voz. Matías Prats me sacó las palabras porque me quedé en blanco cuando pasó el embajador. Más tarde nos volvimos a encontrar en el Villamarín y me reconoció, “hombre, el de La Voz” (risas)

Y, ¿algo desagradable? 

Bueno, como te decía solían recibirnos bien casi todos pero, claro, hemos tenido algún roce. En Andújar, por ejemplo, un aficionado del Iliturgi le dio un sillazo a Rubiales, nuestro capellán. Pero eran cosas puntuales, había muy buena gente por ahí. 

Cruzada aparte, ¿qué recuerdos le deja el fútbol de aquella época? 

El mejor recuerdo que tengo del fútbol fue la visita del Valencia a Linarejos en el homenaje del árbitro José María Herrero que se retiraba. Con los Che venía Sendra, un pelotero de la época que jugaba en la media y fue maravilloso verle jugar en mi casa. Llevo 50 años en Sevilla pero tengo muchos recuerdos de mi tierra. La buena relación con los demás equipos de la ciudad también es algo que anhelo con cariño. Un año el Linares jugaba contra el Manchego y les faltaban jugadores porque había panaderos, camareros…que compaginaban su trabajo con el fútbol y se llevaron a cinco chavales nuestros.

Y, ¿por qué desapareció tan pronto el club? 

Ten en cuenta que nuestra directiva no era pasajera, invertíamos mucho tiempo y dedicación porque el equipo era una parte más de Acción católica. Yo me fui al servicio militar, otros compañeros se marcharon fuera a trabajar…se hacía difícil mantener un club con nuestros principios pero nos queda la satisfacción que los años que competimos fuimos campeones y creo que servíamos de ejemplo. 

Pues, Dios le guarde señor Zurita. 

Un placer.




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